Realidades… Sueños?

Conocí a una chica. Acababa de regresar con su familia de Alemania. Tenía dieciséis años. Yo también.

Ella llegó rompiendo moldes. Moldes y algunas cosas más. Tenía de todo y en su sitio. Me llamaba la atención su pantalón corto, como de gamuza, con una gran mariposa bordada en su trasero. Debajo, sus piernas, las dos, hasta el suelo.

Yo visitaba, después de salir del instituto, a un amigo, al taller de su padre, dónde el muchacho echaba una mano. Acudía de vez en cuando. Visita diaria al descubrir la mariposa y la proximidad de su domicilio.

Poco después pasaba de visitar a mi amigo y visitaba a la amiga. Quedamos algunas veces y dimos tres o cuatro paseos. Una tarde me preguntó por qué todo el mundo le aconsejaba que no fuera sola a pasear por la noche al parque: -¿Qué problema hay?-

Quedamos para vernos después de cenar, sobre las once.

Yo  demostré el porqué no se podía ir al parque a esas horas con un chico y ella me demostró el porqué no tenía miedo a hacerlo. A los dos nos gustó la explicación. Quizá por eso repetimos.


Hoy creo que la historia no fue así. Pero merecía la pena que hubiese ocurrido de ese modo. Lo único real era que a los dos nos gustaba la música de Módulos. Y el pantalón corto con una mariposa en la parte trasera. Y el parque. Y nuestras citas. Algo si ocurrió. Y algo no. Ahora no puedo separar una parte de otra. Todo o nada. Prefiero todo.

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