Siete meses en el hospital. Siete meses encerrado en el hospital. Casi nada o casi todo. Siete meses de pruebas, análisis, más pruebas, más análisis…
Me entró un sindromazo, que no sabía ni quién era, miraba mis manos y no las reconocía, o no me parecían mías, como si hubieran tomado posesión de otro cuerpo, o mi cuerpo de otras manos…
Siete meses con pastillas, inyecciones, más pastillas, más inyecciones, síntomas que iban y venían. Un día mejor, otro peor…
Todo hecho, todo por hacer.
Quizá no fueron siete meses, tal vez fue un par de ellos, la relatividad del tiempo, la relatividad de las personas, la relatividad de la relatividad y sin tener nada que hacer.
La cama como el centro de mi vida. Mucho reposo, mucho descanso, poco sueño y muchas pesadillas. Y tiempo para pensar, mucho, demasiado.
Me hubiera gustado que mi cuerpo hubiese respondido a mis órdenes y levantarme. Ir tranquilamente a todas partes de este hospital, o por lo menos al servicio, mear, cagar, sin esfuerzo. Pero me dolía todo. Los pies se negaban a andar, apenas podía estirar las piernas y las manos ni las reconocía.
Miraba por la ventana de la habitación, me resultaba extraño ver siempre lo mismo. El mismo tramo de calle, las mismas paredes, las mismas escaleras y a veces personas que no conocía. Como si la vida no evolucionara, no cambiase. Pasaban los días y todo seguía igual. Inalterable. Normal.
Escrito por lcuenca