Me dijo:
-Solo me queda esperar la muerte.
Y se sentó en un banco como si fuera a dar de comer a las palomas.
Se fue apagando poco a poco igual que una lamparilla a la que va faltando el aceite. No se percató de la llegada de otras personas que le imitaban y como ella decían:
-Solo nos queda esperar la muerte.
Hasta que llegó un momento que alguien dijo:
-Hola.
Y alguien respondió:
-Hola.
Y se apoyaron mutuamente.
Primero en los hombros, luego en las manos y por último en sus bocas. Entonces comprendieron que no todo estaba perdido.
Se miraron unos a otros, quizá sonrieron y ya no esperaban la muerte, si no a que alguien les dijese:
-Hola.
Y así volver a comenzar.
-Hola a todos.
Escrito por lcuenca